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Una voz inocente

Una niña estaba sentada en un parque, su mirada denotaba confusión. Un hombre se le acercó con una gran sonrisa y le preguntó: "Hola, pequeñita, ¿puedo ayudarte en algo?". Ella lo miró con cierta esperanza y respondió: Sí, me gustaría saber por qué los adultos siempre quieren tener la razón, nunca dicen lo que sienten, tampoco lo que quieren, no llaman las cosas por su nombre y no contestan cuando les preguntamos muchas cosas que quisiéramos entender". Por un momento, el hombre se quedó pensativo, el silencio se tornó hostil, pero la niña, con una gran sonrisa, se levantó y se disculpó: "Perdóname, me olvidaba de que tú también eres adulto".

Libro

Moraleja: En nuestro camino hacia la madurez, a menudo dejamos atrás a nuestro niño interior, perdiendo la sinceridad, la curiosidad y la capacidad de cuestionar.

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