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Una mujer muy mala.

Érase una vez una mujer muy mala. Era tan mala que para darles desayuno a sus pobres hijos, ellos primero debían ordenar su ubicación, pedirlo por favor y, una vez que terminaban de comer, recoger y lavar sus platos.


Muchos se preguntaban cómo había llegado a tal grado de maldad, y ella respondía: "Antes, nadie agradecía todo el sacrificio que yo hacía por ellos. Nunca recibía una palabra de gratitud. Muy al contrario, cuando dejé de hacerlo, me recriminaron porque no estaba planchada su ropa, o porque sus zapatos no estaban limpios, o porque no había hecho nada para comer.

Fue entonces cuando decidí convertirme en una mujer muy mala. Soy tan mala que actualmente me quieren y me agradecen mucho".


Moraleja: Solo cuando perdemos lo que tenemos lo valoramos.


Mamá



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