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Un momento


Un hombre conducía por la carretera a gran velocidad cuando de pronto escuchó un gran impacto. Pudo ver cómo se acercaba a la muerte con una gran mochila. Ella le dijo: "Es hora de irnos". El hombre, asustado, preguntó: "¿Irnos? Pero ¿a dónde? Tu vida ha terminado", respondió la muerte. "¿Ya tan pronto? Pero aún tengo muchas cosas que hacer, muchos planes, muchos proyectos. No puedo irme", dijo el hombre. "Lo siento", dijo la muerte, "pero tu tiempo se ha acabado. Es hora de tu partida".


"Oh, ¿y qué traes en la mochila?", preguntó el hombre. Ella respondió: "Tus pertenencias, claro". "¿Mis pertenencias?", dijo el hombre. "¿Acaso traes mis cosas, mi ropa, mi dinero?" La muerte sonrió y le respondió: "No, eso nunca fue tuyo. Es de la tierra y aquí se debe quedar". "Oh, ¿acaso traes mis recuerdos?". "Eso tampoco es tuyo. Son del tiempo". "¿Acaso traes mis talentos?", preguntó el hombre. "Talentos, ¿pero cuáles? ¿Esos no eran de las circunstancias?".


"¿Vienen mis familiares y amigos?", dijo el hombre. "Lo siento, ellos son del camino y tu camino hasta aquí llegó. ¿Traes acaso a mi esposa e hijos? Ellos nunca fueron tuyos. Eran de tu corazón. ¿Es mi cuerpo?". "Acaso lo que traes en esa mochila, ¿tu cuerpo? Pero si tu cuerpo es polvo y a la tierra regresará. Entonces, ¿traes mi alma?". "Tu alma, esa es de Dios y ya es tiempo de que se la devuelvas".


"Okey, entonces déjame ver qué traes en la mochila", dijo el hombre. La muerte le entregó la mochila.


El hombre la abrió y se dio cuenta de que no había nada, que nunca tuvo nada. "No fue nada mío", dijo el hombre. "Claro que sí", dijo la muerte. "Los momentos, el presente, cada una de las cosas que viviste fueron tuyos. Puede ser que los hayas disfrutado o no, pero es lo único que tenías: el momento presente". De pronto, alguien tocó y dijo: "Levántate, es tarde para ir al trabajo".

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