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Tiempo

¿Te has dado cuenta de lo rápido que avanza el tiempo? Dependiendo de la edad que tengamos, podríamos pensar lo siguiente:


A los cuatro años, mi mamá puede hacer cualquier cosa.

A los ocho años, mi madre sabe muchísimo.

A los doce años, mi mamá realmente no lo sabe todo.

A los catorce años, evidentemente mi madre no tiene idea de lo que hablo.

A los dieciséis años, mi madre, ¿ella qué va a saber?

A los dieciocho años, esa vieja, ¿qué va a saber si se crió con los dinosaurios?

A los veinticinco años, bueno, tal vez mamá sepa algo sobre el tema.

A los treinta y cinco años, antes de decidir, me gustaría conocer la opinión de mi madre.

A los cuarenta y cinco años, seguro que mamá puede orientarme.

A los cincuenta y cinco años, ¿qué habría hecho mamá en mi lugar?

A los sesenta y cinco años, ojalá pudiera hablar de esto con mamá.


Madre e Hijo

Esta reflexión nos muestra cómo nuestra percepción de la sabiduría y experiencia de nuestras madres cambia a lo largo de nuestra vida. Cuando somos niños, las vemos como seres capaces de hacer cualquier cosa y con un conocimiento infinito. Sin embargo, a medida que crecemos, comenzamos a cuestionar su sabiduría y a pensar que no saben tanto como pensábamos. Con el tiempo, a medida que maduramos, volvemos a reconocer el valor y la importancia de la experiencia y el consejo de nuestras madres.

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