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Confianza

Un buen hombre fue condenado a la horca. Antes de que me ejecuten, me gustaría ir a despedirme de mi madre, dijo el hombre. Te concederé el permiso si alguien ocupa tu lugar, pero si no regresas, ejecutaré a quien te reemplace, dijo el rey. Entonces, el hombre pidió a su amigo que ocupara su lugar y este aceptó sin problema. Al séptimo día a las 10 a. m. será la ejecución, sentenció el rey.

Era de noche del sexto día cuando el rey se acercó a ver al amigo que se había quedado. Este estaba tranquilo. ¿Te arrepientes de haber tomado su lugar?, preguntó el rey. Él respondió: No, mientras cantaba.

Llegó la hora de la ejecución. El verdugo le colocó la cuerda al cuello y él seguía sonriente y sereno. Cuando el rey iba a dar la orden para la ejecución, se escucharon los cascos de un caballo. Su amigo había regresado… Entonces, el rey concedió la libertad a ambos.


confianza

Moraleja: La confianza y lealtad no tienen precio.

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